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El declive de los manglares a lo largo
del tiempo en América Central y del Sur
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Los mangles tienen raíces elevadas que respiran para hacer frente a los suelos pobres en oxígeno de las marismas, como se observa.

A medida que la deforestación borra la delgada línea verde de los bosques de manglares a lo largo de las costas tropicales, un reciente estudio mira al pasado para proporcionar lecciones de conservación de este esencial ecosistema. Científicos de la Fundación Talking Oceans de Colombia, la Universidad de York, Reino Unido, y el Smithsonian en Panamá documentan el uso y deterioro de los manglares a lo largo de la costa del Pacífico de Costa Rica, Panamá, Colombia y Ecuador desde la época precolombina hasta nuestros días.

Desde la época colonial, la deforestación por madera, la acuicultura del camarón o el desarrollo frente a las playas ha reducido en gran parte la cubierta de los manglares en la región. El reciente estudio, publicado en Forest Ecology and Management, crea una línea de base para los bosques que quedan en el área, que puede informar a las iniciativas regionales para proteger este esencial ecosistema compartido.

“Los manglares son importantes viveros para las especies de peces comestibles, incluyendo seis especies de róbalo, siete especies de pargos, más de veinte especies de corvinas, y muchos bagres,” comenta el coautor Richard Cooke, científico senior del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales. Evidencia arqueológica y etnológica sugiere que había una antigua y robusta red de comercio precolombino en los peces estuarios del Pacífico, que seguro eran capturados en grandes cantidades, salados, secados al sol y transportados de 13 a 60 kilómetros hacia el interior. Los arqueólogos pueden suponer esto al comparar la composición de las especies de peces y otros datos culturales provenientes de los basurales antiguos con datos modernos de captura y preparación de peces, explica Cooke.

“Los manglares forman barreras importantes contra las mareas de tormenta y las inundaciones, y enormes canales de drenaje que evitan la sedimentación, las inundaciones y las aguas malolientes cuando el sistema de alcantarillado falla,” comenta.

La autora principal, Juliana López-Angarita, estudiante de doctorado en la Universidad de York, comenta que las actitudes hacia los manglares han cambiado desde la década de 1990, a medida que las personas se vuelven más conscientes de su importancia. “Hemos sido capaces de poner de relieve los éxitos y fracasos de las políticas nacionales y los sistemas de protección en los cuatro países, para orientar la política para fortalecer la conservación del manglar y los medios de vida asociados,” comenta.

La investigadora Juliana López-Angarita llevó a cabo entrevistas con personas que viven cerca y dependen de los manglares. Crédito: Fundación Talking Oceans.

El estudio sugiere que desde que inició el monitoreo, Panamá ha perdido la mayor área de manglares (68 por ciento), seguido por Ecuador y Colombia. Costa Rica, a pesar de tener la zona de manglares más pequeña (39,000 hectáreas), también cuenta con la mayor área protegida de manglares intactos, alrededor de 59 por ciento. Panamá tiene alrededor del 43 por ciento de las aproximadamente 154,000 hectáreas de manglar bajo protección. Colombia tiene menos de 24 por ciento de sus 214,000 hectáreas protegidas.

Los científicos también señalan que mientras que los planes de manejo de los manglares varían regionalmente desde políticas absolutas de no extracción al uso mixto y los arreglos de captura limitada, la política oficial no siempre se traduce en la vigilancia y protección del área. Entre los desafíos para la protección de los manglares están el poco personal o recursos financieros, la voluntad política, así como la colecta ilegal o la adquisición de humedales por parte de entidades privadas.

El arqueólogo Richard Cooke estudia el uso de los recursos naturales por los pueblos precolombinos.
Foto por: Smithsonian Tropical Research Institute
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Los cuatro países de la región de estudio son parte de la iniciativa de conservación del Corredor Marino del Pacífico Este Tropical (CMAR Pacífico), cuyo objetivo es mejorar la gestión de los recursos naturales a través de la eco-región, difundiendo información a los órganos de gobierno, organizaciones no lucrativas e instituciones educativas.

“Hoy en día, el conocimiento de la importancia de los manglares está muy extendido, no sólo entre representantes del gobierno, sino también en los grupos de la comunidad local que la auto-movilizan para proteger los manglares contra los promotores inmobiliarios,” comenta López-Angarita. “Estamos en un momento oportuno para presionar por un acuerdo internacional específicamente para la protección de los manglares en la región del Pacífico Oriental Tropical.”

López-Angarita, J. et al. Mangroves and people: Lessons from a history of use and abuse in four Latin American countries. Forest Ecology and Management 368:151–162. DOI: 10.1016/j.foreco.2016.03.020

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