Comunicación animal

Sería difícil imaginar cuán tedioso, callado e insípido sería el mundo si los animales no se comunicaran. Los sonidos nocturnos de los bosques, campos y estanques; los colores por los que identificamos a muchos animales, y los llamativos y a veces extraños movimientos y características morfológicas de los animales cuando se cortejan – la cola del pavo real, la cornamenta del venado y del alce, y la exagerada pinza única del cangrejo violinista macho – son todas señales. Además de las señales que podemos ver o escuchar, hay muchas otras que no tenemos la más mínima posibilidad de percibir sin un equipo especial que amplifique nuestros sentidos. Entre éstas están las extraordinariamente diversas señales químicas que los insectos (especialmente los insectos sociales) utilizan para navegar y para regular sus sociedades; las señales eléctricas empleadas por algunos animales acuáticos para detectar su presa y comunicarse en aguas oscuras y turbias, y las diversas y poco estudiadas vibraciones o señales sísmicas utilizadas por animales tan pequeños como el saltamontes y tan grandes como el elefante.

Desde hace más de 70 años, los investigadores de STRI estudian las señales de los animales, los efectos que tienen en sus receptores, y cómo los patrones de comunicación gobiernan el desarrollo y mantenimiento de los sistemas sociales de los animales. En STRI, dos de las tradicionales corrientes de investigación en comunicación animal de mayor impulso son el estudio del cortejo en animales – incluyendo las señales auditivas, visuales y táctiles en machos y las respuestas que suscitan en las hembras – y el estudio de las señales utilizadas por los insectos para establecer su dominio social y reproductivo.

Tal vez porque estudian los animales en sus hábitats naturales, los investigadores de STRI aprecian los profundos efectos que tiene el ambiente sobre los sistemas de señales. Por ejemplo, las llamadas de mayor atractivo sexual producidas por algunas ranas machos también resultan ser las más atractivas para los murciélagos que se comen estas ranas. La competencia entre los machos por las hembras ha favorecido a los machos que siguen usando la señal atractiva pero que enmudecen al más mínimo indicio de la presencia de un murciélago en busca de alimento.

La depredación también ha ejercido su influencia en las señales de cortejo de los cangrejos violinistas. Los machos de algunas especies fabrican estructuras de arena al lado de sus madrigueras, donde llegan las hembras para aparearse. Para encontrar un macho y una madriguera aceptables, la hembra debe dejar la seguridad de la suya y exponerse al ataque de aves costeras. Las estructuras construidas por los machos son muy atrayentes para las hembras ya que demuestran la ubicación de la madriguera y les permiten desplazarse con rapidez y seguridad a pesar de que no pueden ver la entrada hasta estar muy cerca. Estos ejemplos nos demuestran cómo los depredadores, que son parte del ambiente “externo”, influyen en la comunicación animal.

Los investigadores de STRI que trabajan con insectos sociales han descubierto el papel crítico que desempeña el ambiente social, incluyendo las señales prevalecientes, en la determinación del comportamiento de los jóvenes mientras crecen y también de su físico (fenotipo). La comprensión de que el fenotipo no solo responde al ambiente que le da forma, sino que también lo crea, es uno de los resultados fundamentales de las investigaciones de STRI en este campo, con consecuencias de gran alcance para el entendimiento de la evolución.

 

Personal científico que realiza investigaciones en comunicación animal